Perdiendo la capacidad de escuchar nuestro cuerpo

Me resulta difícil no sentir ternura cuando miro a un bebé o a un niño pequeño, y aún más difícil me parece no pensar que se trata de un ser frágil que hace falta cuidar todo el rato.Automáticamente tiendo a situarme en un nivel “superior” y a tratar de controlar que todo esté en orden: no falte comida, ni tenga frío, ni haya un peligro “inminente” en las cercanías que pueda dañar, aunque sea mínimamente, ese cuerpecito.

Observando a mi hija, asisto alegre a cómo ella controla perfectamente cuando tiene frío o calor, cuando tiene hambre o no y, si no está extremadamente cansada o bajo condiciones demasiado estimulantes, no se arriesga desproporcionadamente. Algunas de las veces en que he insistido, por ejemplo, para que se abrigue más, han finalizado con que ella se ha enfermado, imagino porque ha sudado demasiado y luego se ha enfriado.

¿Qué creo que se consigue con esta actitud controladora?

Pienso que al nacer venimos equipados de unas cualidades valiosas, que nos permiten sobrevivir, y que tenemos una intuición y un conocimiento de nosotros que, si los dejamos desarrollarse, nos ayudan a protegernos y a cuidarnos. Al tratar de controlar y dirigir hasta los propios sentimientos y necesidades del niño (hambre, temperatura, riesgo no desproporcionado) pienso firmemente que, poco a poco, se va minando esa capacidad propia de escuchar al cuerpo, de saber qué es lo que realmente necesitamos y, a la vez, nos sentimos poco capaces, minusvalorados y dependientes de la persona que nos dirige.

Según lo veo yo es un proceso lento, que se desarrolla poco a poco, desde el nacimiento. Por eso, un niño que ya ha sido controlado desde un principio probablemente necesitará recuperar esa intuición para cuidarse, porque la habrá soterrado entre las atenciones de sus cuidadores, y necesitará apoyo inicial para “soltarse” y encontrar ese don escondido.

Entonces, ¿alguien sabe si todas las culturas son igual de proteccionistas con sus pequeños o es algo propio de la nuestra, donde los niños son más “escasos”?

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4 pensamientos en “Perdiendo la capacidad de escuchar nuestro cuerpo

  1. En primer lugar, enhorabuena por el blog. Es una gran iniciativa. En esto que comentas estoy completamente de acuerdo, cuando respetas la evolución del niño, te da lecciones. No es casualidad que mi hijo no haya tomado nunca (en honor a la verdad una noche, por cansancio nuestro) medicamentos (ni un analgésico, o antipirético). Es porque le hemos permitido manejar sus procesos, su cuerpo, vigilantes, atentos, cuidando, pero sin interferir. Esa actitud a permitido que desarrolle un sistema más sano, mas fiable. Cuando medicamos a la mínima estamos interfiriendo e impidiendo un sistema capaz de autoregularse.

    Lo mismo pasa con la psicomotricidad, o con el desarrollo afectivo, intelectual, etc Permitir el movimiento espontaneo, dejar trepar, rodar, jugar, experimentar. Permitir la expresión de las emociones, acompañándolas, eso si, estando disponibles al consuelo o al apoyo, pero sin decir a la ligera que es lo que (pensamos que) le sucede (solo el lo sabe), lo que debe sentir, o lo que debe hacer ante el sentimiento; y a la vez ayudar a ponerle palabras (que no conoce) para lo que siente.

    Proceso lento, pero seguro, fiable. Que hace que el niño o la niña se conviertan en adultos seguros y confiados de sus propias capacidades.

    No creo que ninguna cultura haya sido proteccionista, al menos como la nuestra. Siempre ha habido coherencia con las condiciones del entorno. En la selva no se puede dejar al niño en el suelo en cualquier lugar sin vigilancia, hay depredadores. En Zaragoza si, sin embargo, se les sienta en sillas o se les impide movimiento libre para sentirnos tranquilos, no sea que se accidente, sin una razón coherente. No ponemos limites razonables, limitamos sin razón.

    Me viene a la cabeza un libro “Nuestros hijos y nosotros” de Mederith F. Small, antropóloga, que habla sobre crianza en sociedades actuales y preindustriales comparando varias.

    Recomendado.

    • Me gusta tu frase “no ponemos límites razonables, limitamos sin razón”, y en esa ronda de poner límites parece que entramos en un bucle sin fin del que es difícil apearse.

      ¡Si! no me acordaba del libro de Nuestros hijos y nosotros. Tengo ganas de ojearlo de nuevo a ver qué entiendo al respecto.

      Probablemente nuestra tendencia a sobreproteger pueda venir a que no observamos lo intutivamente que se comportan los niños, cuando no han sido tan controlados.

  2. Nuestra cultura imcapacita para la intuicion especialmente pues hay pocos cuidadores para sacar a la crianza para arriba. Si mas cuidadores hay mas confianza.

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