Viviendo el momento

En el colegio de Duna está desarrollando una experiencia que me está pareciendo preciosa. Cada semana uno de los alumnos de infantil es el protagonista, lleva fotos, juguetes, habla sobre sí mismo, y los padres van un día a la clase a contar alguno de sus cuentos preferidos o a hablar de él. Esta semana Duna es la protagonista, y nosotros la hemos acompañado en su clase.

Primero hemos contado un sueño que tuve cuando estaba embarazada de Duna. Soñé que daba a luz, y me nacía un dragón y yo misma era una dragona. De ahí en adelante nuestro bebé pasó a llamarse Fuyur.
Más tarde, en una ecografía, vimos la cabeza de Fuyur, y vimos unas orejas de elfo, puntiagudas, mágicas. De ahí en adelante nuestro bebé era un duende.
Cuando Duna nació, y tras pasar el momento del parto, en el que parece que estás en una ensoñación. Miramos a ese bebé al que le habían calzado un gorrito blanco en la cabeza. Levantamos un lateral y vimos unas orejas puntiagudas. ¿Había sido un sueño?
Unos días más tarde, Duna continuaba teniendo unas preciosas orejas de elfa que, con el tiempo, se han hecho humanas.

Mirar las caras de los niños contando esta historia, enseñando la ecografía, fotos de duna con las orejas élficas… ha sido precioso. Dieciséis ojos redondos nos miraban fijamente, y miraban de reojo las orejas de Duna, tratando de adivinar un resto élfico.

Más tarde hemos contado dos cuentos que a Duna le gusta dramatizar: “Adios, pequeño amigo” y “Marlaguette”. Duna ha hecho de pato y despues de lobo, y se ha metido totalmente en el papel. Despues de contar cada uno de los cuentos, todos han acabado haciendo de patos migradores y de lobos hambrientos para acompañar al protagonista del cuento.

marlaguette

Continuo sorprendiéndome con la disponibilidad de los niños de estas edades hacia la acción, la participación, el meterse en las historias, el juego, el vivir el momento y disfrutarlo. Me gusta compartir estos momentos con ellos porque, en cierto modo, recuerdo esa sensación y logro apropiarme un poquito de ella.

Es una clase tan acogedora, y los nueve alumnos son tan encantadores, que nos hubiera gustado quedarnos mucho más rato. No en vano ya hemos acordado con Carlota, la maestra, en que quizá volvamos en más ocasiones.

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