Cinco razones para dejar de decir “Muy bien”

elogioAcabo de leer el artículo “Cinco razones para dejar de decir muy bien“, escrito por Alfie Kohn, y, aunque este tipo de artículos de “recetas” no me suelen gustar, me he quedado reflexionando.

En este artículo el autor expone los motivos por los que él recomienda dejar de ofrecer halagos a los niños:

– porque supone que es una forma de manipularlos. Cuando les decimos “muy bien por haber recogido los juguetes” (por ejemplo), lo decimos para reforzar ese comportamiento ¿porque nos parece adecuado para ellos o porque nos conviene a nosotros como cuidadores? ¿si realmente pensamos que es algo que decimos sinceramente para ellos, no sería mejor hablar con ellos de lo que implica recoger sus juguetes o dejarlos tirados?

– porque piensa que crea personas adictas a los elogios. Cuando elogiamos ¿realmente estamos aumentando la autoestima de esa persona o estamos creando una dependencia hacia nuestras muestras de aprobación?
Alfie Kohn recuerda un estudio en el que “una investigadora de la Universidad de Florida, descubrió que los estudiantes que eran elogiados profusamente por sus profesores eran más indecisos en sus respuestas, más proclives a responder en un tono de voz de pregunta (“mm, ¿siete?”). Tendían a retractarse de una idea propuesta por ellos tan pronto como un adulto mostraba su desacuerdo. Además, tenían menos tendencia a perseverar en tareas difíciles o compartir sus ideas con otros estudiantes“.

– porque considera que se roba el placer del niño, le estamos indicando cómo sentirse en función de lo que hace. La expresión “Muy bien” es una evaluación tanto como lo es “¡Mal hecho!”, y la característica más notable de este juicio positivo no es que este sea positivo, si no que es un juicio. ¿Nos gusta ser juzgados? Es muy distinto que la niña comparta su placer porque consiguió, por ejemplo, hacer algo, a que nos busque esperando una aprobación.

– porque puede ser un camino para perder el interés. Hacer las cosas para conseguir un regalo (éste puede ser la frase “Muy bien”) puede conseguir que al apartar la atención sobre esa acción se deje de realizar esa actividad. Si se elogia a esa persona por su pintura, por sus actos… cuando se aparta nuestra atención quizá la persona no regrese a esa actividad.

– porque puede disminuir el desempeño. El tratar de conseguir el elogio puede disminuir la creatividad para afrontar las tareas, por ejemplo, por el miedo a correr el riesgo de no hacerlo bien (y, por tanto, de no conseguir el “premio”).

El autor recuerda que quizá lo más necesario no son los elogios, sino el apoyo incondicional que es, al final, lo opuesto al elogio.

Dejar de elogiar no es fácil, pero en el artículo podemos encontrar varias alternativas muy interesantes a utilizar cuando los niños hacen algo que nos parece impresionante:

1.- No decir nada. El refuerzo del comportamiento positivo puede hacer suponer que lo “normal” es comportarse “malamente”. Si nosotros no creemos eso, si pensamos que lo lógico es comportarse “adecuadamente”, ¿porque necesitamos reforzar esos comportamientos?

2.- Decir lo que se ve. Un “¡lo lograste!” o un “mira qué contento se muestra tu amigo” cuando ha hecho un acto generoso o cariñoso ya no se trata de un elogio, sino de una descripción, y conseguimos dejar a un lado los juicios.

3.- Hablar menos y preguntar más. En lugar de un muy bien el indagar sobre la propia actividad en sí misma refuerza más que el propio elogio.

Me gusta especialmente la reflexión final que hace el autor: no significa que todos los cumplidos, agradecimientos, o expresiones de gusto sean dañinas; sino que hace falta considerar los motivos por los que los decimos y los efectos de decirlos.
¿Están nuestras reacciones ayudando al niño a percibir un sentido de control sobre su vida—o de buscar constantemente nuestra aprobación?
¿Le ayudan estas expresiones a entusiasmarse más por lo que hace por derecho propio, o se convierten en algo que él solo quiere hacer para recibir una palmada en la espalda?

 La mala noticia es que el uso de refuerzos positivos no es realmente algo positivo.

La buena noticia es que no hace falta evaluar para poder motivar.

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